De Calandrias y Zorzales

Aves cantoras pampeanas


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"Pico de calandria" para elogiar al buen cantor o "zorzal criollo" refiriéndose a Gardel, son algunos de los innumerables dichos en los que estos eximios cantores sirven como término de comparación. En el acervo cultural pampeano las alusiones a estas aves, sobre todo a la calandria, son también abundantes, por lo que emplearemos algunas de ellas para hablar de sus costumbres.

Mimus Triurus

Calandria real o Tenca, como es llamada al oeste del Chadileuvú.

Aunque la fauna de aves de Sudamérica es la más diversa y colorida del planeta, los pájaros cantores son, paradójicamente, pocos y desafinados en relación con los del Viejo mundo. Esta realidad, que ya fue advertida por antiguos viajeros y naturalistas de la talla de Darwin, Wallace y Bates (descubridores, casi simultáneamente con el anterior, de la teoría de la evolución) y Hudson, el gran naturalista del Plata, tiene su contracara en nuestros zorzales y calandrias, cuyas melodías igualan y aún superan a las del más selecto coro de pájaros europeos.

De Calandrias
Pertenecientes a la familia de los Mímidos, de distribución exclusivamente americana, recibieron su inapropiado nombre de los primeros colonizadores españoles. Estos las hallaron semejantes a la calandria europea, de la familia de los Alaúdidos, endémica del viejo mundo, poco parecida y menos emparentada con nuestras especies. Más adecuada resulta la denominación araucana de "tenca" (que aún conservan algunos pobladores del oeste pampeano) o la de los norteamericanos, que las llaman "mockingbirds" (pájaros burlones), ambas alusivas a la notable facultad de estos pájaros de imitar a otras aves.

De Calandrias
Pertenecientes a la familia de los Mímidos, de distribución exclusivamente americana, recibieron su inapropiado nombre de los primeros colonizadores españoles. Estos las hallaron semejantes a la calandria europea, de la familia de los Alaúdidos, endémica del viejo mundo, poco parecida y menos emparentada con nuestras especies. Más adecuada resulta la denominación araucana de "tenca" (que aún conservan algunos pobladores del oeste pampeano) o la de los norteamericanos, que las llaman "mockingbirds" (pájaros burlones), ambas alusivas a la notable facultad de estos pájaros de imitar a otras aves.

Especies Pampeanas

En la Provincia de La Pampa contamos con tres especies de calandrias. La Calandria común (Mimus saturninus) es abundante en toda la provincia, sobre todo al nordeste, en la porción correspondiente a la estepa. Es la más frecuente en las áreas pobladas. Para identificarla deben observarse las plumas caudales (timoneras) que son negras, con el ápice blanco más ancho hacia el exterior de la cola. Las alas se ven oscuras y el pecho es blanquecino.

La Calandria Real (Mimus triurus) predomina en las zonas más silvestres y menos modificadas del monte y el caldenal y, localmente, es más común en invierno. A diferencia de la anterior, las timoneras externas son enteramente blancas, y las centrales, totalmente negras. En cada ala cruza una banda blanca. Cuando en vuelo las despliega junto con la cola, el diseño tiene un extraño efecto destellante, que a veces le da al pájaro la apariencia de una mariposa.

La última especie es la Calandria Mora (Mimus patagonicus) que, aunque es la menos frecuente, no llega a ser rara. En contraposición a la común y a la real, es migratoria, ya que se reproduce en la Patagonia (raramente también en esta provincia) y viaja luego hacia el norte, permaneciendo durante el invierno con nosotros. Es bastante tímida y menos cantora que sus congéneres, de las que se aparta por su región ventral más oscura, por las manchas blancas que se observan en el ala plegada y por la cola, con apenas un toque de blanco en el extremo de sus plumas.

De temperamento manso, se acercan confiadamente al hombre, e incluso suelen habitar en la proximidad de sus viviendas, lo cual ha permitido que en torno a ellas se tejan interesantes supersticiones: su canto, considerado siempre de buen augurio, anuncia visitas si lo emiten cerca de la cocina, o advierte que habrá novedades si proviene del patio. Si una calandria entra en la casa, anuncia casamiento, y no debe molestársela. Cuando nidifica cerca del casco trae armonía en el matrimonio, según se cree, y lo contrario para aquel que se atreva a destruir el nido. Otros dicen que si anida en la vecindad de la casa es presagio de muerte. Para los niños moteros (que tienen dificultades en el aprendizaje del habla) la medicina popular ha hallado un simple remedio: se les hace comer un poco de carne de calandria, para que así incorporen sus cualidades y se les destrabe la lengua.

Tienen un plumaje apagado, en el que predominan los tonos ocres. El pico es largo y fino, adaptado para su dieta insectívora, aunque también consumen frutos. Los tarsos (parte sin plumas de las patas) son largos, evidenciando sus hábitos caminadores. La cola es larga y con un diseño de colores que varía según la especie.

El nido es emplazado preferentemente en árboles o arbustos aislados, en alguna horqueta no muy alta. Para su construcción utilizan ramas espinosas y revisten el interior con crines, pajitas y otros materiales suaves. Como se puede observar en la fotografía adjunta, son intensamente parasitados por el Tordo común o renegrido, que le deposita sus huevos en aproximadamente el 80 % de los nidos.

Estilo Nº 8, De la Calandria: canto
Queda demás cualquier elogio a la música de la calandria luego de los versos que Bustriazo Ortiz le dedica: "Cuantas cosas le salían/ de su sangre enamorada:/ todo el canto de la tierra/ le cabía en la garganta. "En el corazón tenía/ una guitarra hechizada." (Aura del Estilo, 1970).

Hudson decía lo siguiente de una de las especies, la Calandria real: "El sorprendente hechizo de su melodía deleita más que la música de cualquier otra ave (...). Es entre las aves cantoras lo que el diamante entre las piedras". El naturalista lo comprobó personalmente cuando viajó a Inglaterra, asombrándose de que las más afamadas aves canoras del viejo mundo, alondras, ruiseñores y currucas, eran superadas por nuestra calandria pampeana.

Sus ejecuciones tienen, aparte de ese hechizo del que ambos autores hablan, varias particularidades. A diferencia de la gran mayoría de las aves, no poseen una melodía preestablecida que se repite, sino que combinando de armoniosas maneras sus notas, son capaces de elaborar composiciones propias y de cantar largo tiempo sin repetir las secuencias. Sus repertorios son, por lo tanto, inacabables. Raras son también las danzas con que acompañan sus vocalizaciones, sobre todo la Calandria común, que de vez en cuando, y como arrebatada por el éxtasis que le causa su propia música, se eleva en el aire unos metros, para retornar enseguida a su rama.

Otra peculiaridad del canto de las calandrias es la capacidad de imitar las voces de otras aves y de algunos mamíferos. También aprenden rápidamente y remedan con exactitud los silbidos humanos. Sobre el tema, Walter Cazenave me ha referido que, en cierta oportunidad, acompañado por Aníbal Ford, este chifló ante una calandria las primeras notas de una marcha política. Enseguida el pájaro las repitió a la perfección, para sorpresa de sus

Mimus Triurus

Calandria común, abundante en plantaciones urbanas y suburbanas.

ocasionales oyentes. La habilidad, que da nombre al género (del latín Mimus, que significa mimo) varía de acuerdo a la especie. La calandria común, por ejemplo, introduce leves variaciones a las notas imitadas que, aunque permiten recordar de qué ave proviene el plagio, nunca son copiadas con fidelidad. La Calandria real, en cambio, emula perfectamente cualquier vocalización proveniente del mundo alado. Como escribió Bustriazo Ortiz, "Mil pájaros sabios era la sola calandria."

Calandria del Monte Chico: hábitat
En el título de esta canción, o cuando dice "Calandria de las isletas..." en la cueca "De la Blanca", Julio Domínguez, el Bardino, se expresa acertadamente sobre la preferencia de hábitat de estos pájaros. Las calandrias nunca penetran en montes grandes y densos, ni se adentran en llanuras sin árboles. Viven al borde de los montes, en sus fragmentos o en isletas de chañar. El hecho de ser especies de borde ha evitado que sean afectadas por la fragmentación que, en nuestra provincia, sufre el bosque de caldén. En contraposición a muchos "bichos de monte adentro", que han sido negativamente impactados por este fenómeno y cuyas poblaciones, por consiguiente, están disminuyendo, dicho efecto las beneficia.

Se adaptan bien al medio semiurbano, sobre todo la Calandria común, que es una presencia frecuente en quintas, jardines y parques arbolados. También la Calandria real y la patagónica suelen establecerse en ambientes fuertemente modificados. El territorio escogido, al cual son muy apegadas, puede alcanzar las 6 hectáreas y es intensamente defendido con ásperos chillidos y vuelos rasantes.

Tristán y la Calandria: conservación

Afortunadamente las variedades de calandrias pampeanas no están siendo amenazadas por los profundos cambios que sufren los ambientes regionales. Tampoco la captura con fines comerciales, casi totalmente inexistente, las ha puesto en peligro. Pero lo que sigue preocupando a los conservacionistas es lo que menciona J. Ricardo Nervi en su cuento citado en el título. Allí, el autor relata como el joven Tristán da muerte a una calandria. Efectivamente, por ser mansas y por animarse a vivir cerca del hombre son presa frecuente de niños, que con hondas o rifles de aire comprimido, las persiguen sin piedad.

Mimus Triurus

Nido de Calandria común, con dos huevos legítimos y cinco de Tordo renegrido. (Fotografía Mariano Fernández)

Aunque en el cuento Tristán, acongojado por lo que había hecho, decide no cazar más pájaros, en la realidad se verifica lo opuesto: hemos visto que siempre hay una o dos calandrias en el botín cobrado en las cacerías organizadas por niños y no tan niños en los alrededores de Santa Rosa, principalmente en la Laguna Don Tomás. Ellos, generalmente, reparan poco en la simpatía que estas aves gozan por parte de sus mayores, o en el singular embrujo de sus cantos, que hace parecer un sacrilegio el matarlas.

Es creencia generalizada que las calandrias no soportan el cautiverio y mueren al poco tiempo de ser privadas de la libertad. Lo cierto es que sobreviven raras veces, aumentando algo las probabilidades si son tomadas de pichones, pero nunca cantan enjauladas. Esto las ha librado de la terrible presión de caza que afrontan otras aves estimadas como mascotas, muchas en peligro y algunas extinguidas ya. Y también les ha valido el aprecio y la estima por parte del gaucho, que veía en ellas reflejado su fuerte apego por la independencia y la libertad. En este sentido existen varias frases tradicionales: "Libre o muerto, como la calandria" o "Calandria y gaucho, dejarlos libres", entre otras.

De Zorzales

Sobre los zorzales no nos extenderemos mucho ya que en La Pampa son pájaros más bien raros o de distribución marginal.

Pertenecen a la familia de los Túrdidos, famosa por incluir a varios consagrados melodistas de todo el mundo. Son aves omnívoras (se alimentan de frutos y artrópodos) y a menudo viven en la proximidad del hombre, ya sea en ambientes rurales o en poblados.

En la narrativa mapuche, el zorzal, al que llamaban Wilki, es considerado un pájaro inteligente, ya que vence en una competencia de adivinanzas al pícaro zorro, reconocido por su ingenio. También lo incluyen en sus refranes: la frase tradicional "Guinda que pica el zorzal, cambia de aspecto" se refiere a la mujer que pierde sus atractivos después del parto.

Los zorzales pampeanos, que cantan bien pero no imitan, pertenecen a cuatro especies diferentes. Tienen todos en común el pico, las patas y un anillo periocular de color amarillo anaranjado, y un diseño de líneas oscuras longitudinales en la garganta, faltante solo en el Zorzal chiguanco.

Mimus saturninus  Turdus rufiventris

Estampillas de la Calandria común (1962) y del Zorzal colorado (1972)

El Zorzal chalchalero (Turdus amaurochalinus), que da nombre al conocido conjunto de música folklórica, se diferencia por las tonalidades pardas de su dorso y blanquecinas de su vientre. Es el más ampliamente distribuido, habitando toda la parte norte de la provincia. El zorzal colorado (Turdus rufiventris) ha sido hallado en el nordeste del territorio, hasta Santa Rosa. Recibe su denominación por la tonalidad bermeja de sus partes inferiores. Entretanto, el zorzal patagónico (Turdus falcklandii) que se caracteriza por su cabeza y cola negruzcas, habita el extremo sudoeste de la provincia, en el Departamento Puelén. Al noroeste, en la zona más alta de la geografía pampeana, en el Departamento Chical Co, vive el Zorzal chiguanco (Turdus chiguancus), que es totalmente negro, excepto por el contrastante amarillo de sus patas, pico y párpados.

Haga click aquí para oír el canto de la Calandria común (Mimus saturninus)

Haga click aquí para oír el canto del Zorzal chalchalero (Turdus amaucochalinus)

Haga click aquí para oír el canto del Zorzal Colorado (Turdus rufiventris)

 

Mariano Martín Fernández.

Hudson, W. H. 1999. Días de ocio en la Patagonia. Ed. Elefante. Bs As.
Palermo, M. A. 1989. Fauna Argentina. 1984. T. VI. Centro Ed. Amér. Latina. Bs As.